Una muestra de antigüedades recrea en Valencia el mundo de la alta sociedad marroquí
22 de Octubre de 2008
Un viaje sensorial por los suntuosos placeres estéticos de la aristocracia magrebí
Los objetos tienen memoria. Al menos, aquellos que han logrado transitar por este mundo sin sucumbir a la intransigente obsolescencia del consumo. Y cuando alguien reúne estos testimonios de una cultura y una época, es como si de las páginas de un libro de historia empezaran a brotar espectros con los rostros de sus personajes épicos. Bien ambientada, una exposición es capaz de transportarnos en un viaje por el tiempo a partir de olores, sonidos, texturas, colores. Esto es lo que proponen los organizadores de Un viaje por el Atlas: un montaje protagonizado por auténticas reliquias marroquíes de más de un siglo que conformaban los placeres estéticos de la aristocracia del vecino país magrebí. La muestra se presentará el jueves, 23 de octubre, en la sala de la Calle Quart 21, Valencia, a las 20:00, y mantendrá sus puertas abiertas al público hasta finales de diciembre
La intención de los comisarios excede con mucho mostrar piezas antiguas aisladas, por más costosas y originales que estas sean. «Hemos decidido frenar el tiempo del visitante y ofrecerle los colores, olores... las sensaciones que los transporten a una época pretérita de paz y recogimiento y, claro, de lujo». Exótico cobre rojo, antigüedades, telas y alfombras de suntuosas texturas meten al invitado en un universo evocador. Para acentuar la sensación, los promotores de la idea han recreado ese universo en pleno centro valenciano, convirtiendo un piso antiguo en un palacete marroquí.
El visitante accederá a la muestra por una Haima (típica carpa del desierto) de 20 metros cuadrados donde el sonido de una orquesta de laúdes, en vivo, lo recibirá y acompañará durante todo el viaje. Los aromas de inciensos exóticos lo envolverán y lo transportarán a un soko (mercado árabe) donde podrá degustar tajines (plato tradicional) y dulces típicos. Luego, el recorrido estilístico por los placeres de la aristocracia magrebí, donde el lujo se mezcla con el exotismo.
Las piezas de la muestra datan de un siglo y formaron parte de los "palacios pequeños" de la alta sociedad magrebí. Todas fueron confeccionadas a mano y pintadas y decoradas con especies, como el azafrán, o barnizadas con aceites naturales, como el Argan. Las maderas de los muebles poseen un valor incalculable y provienen de árboles protegidos en la actualidad, lo cual revaloriza estas obras. Los colores y las texturas de almendros, tuya y argan labrados por las hábiles manos de artesanos.
Objetos resuman lujo y exotismo. Una puerta del siglo XVII originaria del Atlas pequeño forjada con "cobre rojo", metal cuyas reservas son hoy inexistentes. Un extraño objeto de decoración cuyos recovecos esconden una romántica historia: a las orillas de las playas Essaouira, allá por los cuarenta, un marinero marroquí, se la ofreció de regalo a su mujer antes de la boda. Cuatro columnas con capitales; cofres de Fez; enormes teteras de plata que las familias adineradas usaban para abastecer a sus invitados. Grandes baúles que servían para transportar cabras en la época del Ramadhan hace tres siglos. Espejos con símbolos arabescos, faroles de acero confeccionados a mano; una mesita contenedora en la cual se recuesta al niño luego de la circuncisión, llamada Mida. Alfombras de palmera tejidas con lana por mujeres bereberes; un molino con el que se elaboraba el aceite de argan. Ollas gigantes de cobre rojo, placas del mismo material con versículos del Corán pertenecientes a una antigua medina de Fez. Un viaje.